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martes, 1 de julio de 2025

Fanzines franceses sobre el movimiento Redskin y el RASH


- Red and Archivist SkinHeads -Limoges.

40 páginas en donde se repasa la memoria visual (fanzines, fotos de conciertos, flyers, etc) del movimiento R.A.S.H. de Limoges desde finales de los años 90 hasta el 2010. El fanzine contiene más de 150 ilustraciones a todo color. 5 €



- Redskins de Berlin-Ouest.

Texto en francés sobre los redskins berlineses a cargo de Ugly, fundador del skinzine Skintonic. 36 págs. Presentación profesional y profusamente ilustrado. 5 €

- Enlace

viernes, 16 de agosto de 2024

Crónica Rebellion Festival 2024 (concentración de extrema derecha)


Al tener el desayuno incluido en el hotel, cada día me levantaba bastante temprano. Ese sábado, tras desayunar, me duché y me fui a dar una vuelta a eso de las 10 horas por la zona en la que se iban a concentrar los fachas. Era todavía muy pronto (habían convocado a las 15 horas), pero aun esto ya pude observar un par de policías rulando por las calles con el uniforme ese que usan para cuando hay manis. Las horas fueron pasando y el Rebellion empezó, por lo que aunque iba mirando el móvil, estaba sobre todo pendiente de los conciertos. Tampoco parecía que la concentración de extrema derecha fuera gran cosa, la verdad, y de momento no veía jaleo o disturbio alguno. Tras ver a los Hard Skin me fui a comer algo con un amigo y al volver, en la plaza de la iglesia que hay justo en las inmediaciones del Winter Gardens, nos encontramos con que estaba completamente tomada por la policía. Entonces no lo sabíamos, pero ya se había liado entre la gente del festival y la basura racista. Pero como decía, la policía estaba desplegada y la situación parecía sino "tranquila", de calma tensa. Pero tan pronto como nos acercamos, en seguida nos dimos cuenta de que había un pequeño grupo de garrulos pro-británicos discutiendo acaloradamente con gente del festi. La policía aparentemente había tomado la plaza pero aún había grupos de extrema derecha mezclados entre la peña del festival por increíble que parezca. 


En un momento dado, la policía empezó a abandonar la plaza de la iglesia y como era de esperar, en cuestión de minutos la discusión con los canis racistas fue subiendo de tono hasta que al final se lió una bronca y un subnormal de estos se acabó llevando unas buenas ostias. La policía volvió a hacer acto de presencia en cuestión de segundos y cuando ya temía que iban a detener a la gente que estaba dándole al chav nacionalista, para mi sorpresa vi que simplemente volvieron a hacer un cordón para separar a los dos grupos y ya está. Hubo entonces unos momentos de bastante tensión con intercambio de insultos y de algunas botellas y con gente encarándose con la policía pero que no fueron a más. Uno de los momentos más emotivos fue cuando los punks, skins y psychobillies presentes empezaron a cantar al unísono el “Antifa Hooligan” de Los Fastidios


A la par que ocurría esto, la seguridad del Winter Gardens junto con la organización del festival, decidieron no dejar salir a nadie del recinto del Rebellion por un buen rato. Esto provocó bastante confusión y caos al encontrarse mucha gente atrapada dentro del edificio. Daba igual que quien quisiera salir no tuviera la intención de unirse a la concentración antifascista. Sin duda alguna, las autoridades y la organización temían una escalada en las hostilidades si salía más gente a la calle. Según me dijeron, la gente se comenzó a apelotonar en las dos salidas del recinto del Winter Gardens produciéndose una aglomeración considerable que como digo provocó algo de nerviosismo y tensión. Pero tan pronto como se acabó todo, poco a poco la normalidad fue volviendo al festival. El problema podía ser por la noche cuando a estos mierdas les diera por ir a cazar a algún punkie despistado, pero aunque leí que hubo alguna provocación que otra, la cosa por suerte no fue a mayores. 


El perfil de los grupos racistas era variado, aunque básicamente eran nacionalistas británicos de distinto pelaje, que iban desde los típicos militantes de extrema derecha de toda la vida que hace unos años negaban que hubiera habido un holocausto y que ahora le lamen las botas a Israel, hasta gente del equivalente de Vox en Inglaterra (Reform Uk) o que siguen a líderes ultras que hacen de la islamofobia su bandera, como Tommy Robinson (por cierto, no sé si os acordáis de Louise Distras, quien fuera en su día una especie de cantautora punk ahora se ha vuelto toda una patriota y fan del mencionado Tommy Robinson, para flipar). Que yo sepa, no hubo tampoco hordas de Blood And Honour o Combat 18 (que algunos hubo, claro), en esta ocasión y en casi todos los disturbios que ocurrieron en Inglaterra o en Belfast, los grupos de choque de la extrema derecha esta vez no fueron boneheads nazis sino principalmente chavs, que es el nombre por el que se conocen en el Reino Unido a lo que nosotros llamamos quillos o canis. Da un poco de pena decir esto pero fue así tal cual. La palabra chav es peyorativa como ya apuntó Owen Jones en su libro Chavs, la demonización de la Clase Obrera (Ed. Capità Swing, 2012), pero hay niveles de chavs o quillos. Copio y pego lo que ya puse en este mismo blog hace un tiempo: “Tengo sentimientos opuestos para con esta gente pues yo he vivido toda mi vida en un pueblo donde a la entrada, hubo durante muchos años una pintada que decía “Bienvenidos a quillolandia”. Por tanto, sé lo que es que te estigmaticen por ser de algún sitio en concreto y sobre todo sé qué significa vivir en un pueblo dormitorio en el extrarradio de una gran ciudad como es Barcelona. Los hay buena gente y los hay chungos y muy cabrones”. Quedaros con esto último: “los hay buena gente y los hay chungos y muy cabrones”. Aunque me pese decirlo, no nos engañemos, estos últimos, en caso de una Revolución Social como la que ocurrió en 1936, serían los que hubieran llenado los barcos cárceles que la FAI tenía en el puerto de Barcelona (por ej el vapor Uruguay), junto a los fascistas y demás reaccionarios clásicos de toda la vida. En definitiva, estos chavs racistas son auténtica carne de cañón o carne para la picadora del capitalismo que nunca lucharán por los derechos de su clase social o para mejorar sus vidas, para qué van a luchar si tienen el chivo expiatorio de los inmigrantes? En fin, que les den.


Mi primer Holidays In The Sun fue el del año 2000 que se hizo en Bergara. Al siguiente año fui al de Morecambe, y justo en el fin de semana que se llevaba a cabo el festival, en algunas zonas de Inglaterra también se sucedieron disturbios raciales parecidos a los de 2024. Y por cierto, en esos disturbios raciales de 2001 fue detenido el cantante de Pressure 28, un grupo por el que hoy día muchos se hacen pajas… Éso y que actuaron hace nada en el festival ese de mierda que se hizo en una población costera de Catalunya, pero en fin, allá cada uno con su puta conciencia. Pero sigamos y no nos desviemos. Aunque en la red se difundió la foto de tres individuos del festival que se unieron a la concentración facha-nacionalista, yo al menos no vi a ningún subnormal con pinta de estar en el Rebellion que estuviera en dicha mani racista, aunque ya sabemos que la ignorancia es muy grande, sobre todo cuando la red está saturada de basura fake y de podcasts de extrema derecha en los que siempre aparecen los mismos cretinos (los Roberto Vaquero de turno, etc, etc). Por lo demás, únicamente sé que hubo un herido del bando punk que tuvo que ser atendido en el hospital (nada grave), mientras que a nivel de detenciones, la única que llegué a ver fue la de una tipa cani que iba con la equipación titular de los chavs (el chándal). Hasta aquí todo lo que yo vi y opino de la cuestión. 

jueves, 28 de diciembre de 2023

Reseña del libro White American Youth


White American Youth. My Descent Into America’s Most Violent Hate Movement - And How I Got Out. Christian Picciolini. Hachette Books (2017). 275 págs. Inglés. 

Llevaba tiempo queriéndome pillar uno de los tantos libros que hay publicados sobre peña que deja el rollo nazi. En esas estaba, cuando apareció el Memorias de un ex nazi de David Saavedra. Al estar enfocado en la escena neonazi “local”, me decanté por él, pero he de decir que no me gustó mucho que digamos. He de reconocer también que, seguir al tipo en las redes sociales o escuchar algunas de las entrevistas que hizo en su día, tampoco me ayudó mucho a que sintiera empatía por él… En fin, tras este primer fiasco, me decanté esta vez por un libro en inglés con las memorias de un ex-nazi americano de origen italiano: Christian Picciolini

Pienso que dejar de ser un puto nazi siempre debería de ser algo positivo. Aunque tengas un currículum lleno de agresiones y movidas, yo puedo o podría perdonar. Sé que para alguien que hubiera sufrido la violencia en primera persona sería difícil hacerlo. Es comprensible. Está claro que yo también tendría muy en cuenta, a la hora de perdonar, si quien deja la secta nazi se pone a trabajar precisamente en contra del racismo y del fascismo. Y éste es precisamente el caso del autor de White American Youth.

Christian Picciolini fue punk antes que un bonehead nazi. En su búsqueda de una identidad, se encontró con la persona “equivocada” que lo acabó metiendo en la movida nazi. Con 14 años ya era un bonehead hecho y derecho. Sus amigos por entonces eran casi todos descendientes de italianos. Aparte de atacar a los “antis” (anti racistas) y a otras minorías étnicas, su pandilla se solía meter de ostias con otra de irlandeses (Beverly Boys), hasta que cayeron en la cuenta de que todos eran igual de racistas y acabaron unificándose. La mayor fuente de inspiración para Picciolini fueron los Skrewdriver, lo que hizo que él también formara su propia banda de música RAC: White American Youth (WAY). 

A la par que iba leyendo los capítulos del libro, me iba viniendo a la mente el reportaje aquel que se emitió en su día por televisión en el que se veía el día a día de unos jóvenes nazis que vivían en una especie de “comuna” en Alabama y que estaban liderados por un friki red neck supremacista blanco llamado Bill Riccio. El documental está en YouTube en versión original, y al comienzo del mismo (minuto 1:02), aparece precisamente Christian Picciolini y la nueva banda que formó tras disolver a los WAY, los Final Solution. Pues bien, Picciolini comenta en la obra cómo uno de los nazis que vivía ahí le explica los abusos sexuales a los que Bill Riccio les tenía sometidos. Picciolini lamenta no haberse encontrado con Riccio durante el concierto (estaba detenido en ese momento por tráfico ilegal de armas), pues de lo contrario, "no habría salido vivo de allí” (sic). Lo más curioso de todo es que Bill Riccio en el libro es “Will Manfredi”. Por motivos legales, algunos nombres están cambiados, como por ejemplo, el del ex batería de los Condemned 84, Cliff Warby, que en la obra es “Clay Wallaby”, y de quien Picciolini cuenta cómo conversan sobre racismo y cómo le adoctrina con filosofía nazi. Warby murió en 2021 (¿covid? no sé, pero falleció en plena pandemia y curiosamente, era anti vacunas). 

La carrera hacia el estrellato neonazi continúa para Picciolini hasta que, tras conocer a la que sería su primera mujer, con la que se casa y tiene su primer hijo, se va poco a poco desilusionando con lo que veía que había dentro del movimiento supremacista y nazi americano. Que era y es básicamente ruina y basura de gente. Su distanciamiento se produce gradualmente, y mientras aún militaba, abrió una tienda de música donde solía vender de todo (RAC, hip hop, Punk, etc) y en la que empieza a darse cuenta de que la gente a la que odiaba también podían ser buenas personas. Estando en la tienda de discos, le ocurre una de las anécdotas más surrealistas del libro, cuando un contingente de 4 “antis” entra en la tienda encabezados por un skin negro que llevaba tatuada en la frente una esvástica. Tras unos momentos de tensión, curiosamente, los antirracistas le acaban comprando, entre otras cosas, discos de Skrewdriver…. Ejem. 

White American Youth termina de una manera bastante parecida a la película American History X. Unos años después de que Picciolini consigue dejar atrás su pasado nazi, es su hermano pequeño quien se mete en el rollo pandillero. No se hace nazi, pero al estar metido en ese mundo igual de violento, acaba tiroteado y muerto tras un “malentendido” en la zona de una pandilla rival. Menudo drama para Christian y su familia. Él tuvo todos los boletos para terminal mal, pero al final fue su hermano menor quien pagó por él los platos rotos. Lo único bueno de esta historia es que hoy en día Christian Picciolini aún sigue haciendo campañas contra el racismo y el fascismo.