domingo, 21 de diciembre de 2014

Parálisis Permanente: Adictos a la lujuria


Parálisis Permanente. Adictos a la lujuria. Marcos Gendre. Quarentena Ediciones (2014). 216 págs. 20 €

Adictos a la lujuria es algo más que la historia sintetizada de Parálisis Permanente. Adictos a la lujuria es un compendio de la obra y milagros de sus dos principales actores: Eduardo Benavente y Ana Curra. Por tanto, Adictos a la lujuria es a su vez Alaska y Los Pegamoides, Seres Vacíos y algo también Escaparates, Gabinete Caligari, etc. Y todos ellos fueron parte de La Movida. Adictos a la lujuria narra la corta pero intensa carrera de Parálisis Permanente, siendo el malogrado Eduardo Benavente primero, y Ana Curra después, los hilos conductores del ensayo. Más o menos había bastante material de hemeroteca acerca de los Parálisis, pero faltaba precisamente una biografía como ésta. El libro narra los comienzos en el mundillo musical de Eduardo, sus primeros proyectos y el encuentro con Ana Curra en su etapa con los Pegamoides. Parálisis Permanente nacerán paralelamente a la banda de Olvido Gara, aka Alaska. Una de las cosas que más me ha sorprendido leer es que Eduardo fue más compositor que letrista, siendo Ana Curra la que se ocupó en mayor medida de la parte lírica en el grupo. Tampoco “Autosuficiencia” y “Un día en Texas” fueron suyas, pues nacieron fruto de la influencia ramoniana de Nacho Canut. Tras los primeros y exitosos singles llegaría el extraordinario álbum de El Acto, la máxima expresión del punk gótico por parte de la banda. Parálisis Permanente iban catapultados hacia el éxito, pero entonces llegó la fatalidad de sobras conocida. La muerte de Eduardo en accidente de tráfico truncaría la carrera del grupo que había Nacido para dominar. Tras el fin de los pioneros del after punk estatal vendría la irregular carrera en solitario de Ana Curra con los Seres Vacíos. Aunque sin la misma profundidad, los proyectos del resto de los miembros (Toti, Rafa…) también vienen comentados. La obra termina con la reseña de Ana Curra presentando El Acto en pleno siglo XXI. Me ha gustado en líneas generales el libro, por lo que encuentro buena la labor realizada por su autor, Marcos Gendre. El asunto de la droga no se oculta aunque tampoco se trata en profundidad, pues ya se sabe que se caería fácilmente en el amarillismo (esas inoportunas hepatitis…). Tampoco Eduardo tuvo tiempo de degradarse en demasía y terminar en el pillaje o en los hospitales cada dos por tres como por ejemplo, Josu y Jualma de Eskorbuto. Ana por suerte consiguió salir del pozo. Ése fue el lado oscuro de los reyes del punk oscuro (“Tengo un pasajero”). Eso sí, unas memorias personales de Ana Curra con un enfoque más íntimo de sus años anteriores y posteriores a Parálisis serían la bomba... "¡Quiero ser santa!"

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